La ética es una sola, pero también tiene varias dimensiones de acuerdo con la responsabilidad del que la ejerce. En esa orientación, Armando Andruet, doctor en Derecho y presidente del Tribunal de Ética Judicial del Poder Judicial de Córdoba, señala que la ética es una dimensión práctica que está en la naturaleza humana y que, día tras día, hay que alimentarla y no caer en lo que no corresponde. Andruet será uno de los disertantes del 6to Encuentro ACDE Tucumán, que se realizará este martes en el Sheraton Tucumán Hotel. Antes de su presentación, Andruet le dio la siguiente entrevista telefónica a LA GACETA.

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-En general, la sociedad ha evidenciado una pérdida paulatina del valor de la ética, ¿por qué?

-Es un valor social que implica esfuerzo, pero también es una necesidad. Para algunas personas tiene un peso superlativo; para otros, muy poco. Y hay una franja de esa misma sociedad que no la pondera. La ética no se agota tan sólo en esa idea de portarse bien. Es algo más valioso de lo que se cree. Y por eso digo que requiere esfuerzo. Debe conducir a la práctica de la ejemplaridad, que se expanda hacia los otros como un modelo de vida. Hoy esa dimensión de ejemplaridad que la ética debe transmitir, lamentablemente, aparece como fracturada y debilitada. Alimentarla nuevamente es el gran desafío no sólo para las personas, sino también para las instituciones.

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-¿Hay diferentes niveles de ética, tomando en cuenta el ámbito de acción de las instituciones?

-La ética forma parte de una dimensión práctica de la naturaleza humana. Ese es el dato central y estudiado por los griegos hasta nuestros días. Hablamos de una dimensión profundamente humana, que alcanza a todos, aunque no todos la practican y la ejercitan de la misma manera. Por eso hay prácticas que se asimilan a la ética de máximo y otras a lo de mínimo, una graduación que la misma persona la define. Cuando uno deja de mirar la ética desde el punto de vista antropológico, tiene que aplicarla a distintos ámbitos del mundo social. Y esto va desde lo judicial, lo administrativo, lo legislativo y lo ejecutivo. La ética es una, pero en ciertas profesiones o instituciones, su valor es mucho más preponderante que la dimensión personal.

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-¿De allí la idea de legislar para que la ética sea un valor fundamental y que los funcionarios la practiquen o tengan conductas intachables, como el caso de la ficha limpia?

-Claro que esa condición es fundamental en todos los órdenes de la vida. Lo lamentable es que no haya sido promovido antes. Todo lo que se pueda hacer, y mucho más, para asegurar en el ámbito público la mayor transparencia de los actos de gobierno es bienvenido. Hace a la integridad de las personas que ocupan un cargo en el Gobierno, Es siempre una herramienta que produce bienestar entre los ciudadanos, con aquello que le decía anteriormente de predicar con el ejemplo para que haya buenos administradores, también buenos jueces y legisladores, que se desempeñen por y para el bien de la sociedad.

-En general, se dice que los valores nacen en la casa y se trasladan a todos los ámbitos. ¿Cómo se los manifiesta en un período en la que prima la inmediatez, las redes sociales y la inteligencia artificial?

--Hay una dimensión que tiene mucha incidencia y que la expuso, hace casi 100 años, Ortega y Gasset cuando planteaba que la vida del hombre en el estado de la alteración no es una vida que pueda permitir una sanidad de ella. Un hombre debería estar en un proceso de ensimismamiento, de reflexión y de producción, antes que estar alterado. La vida es hoy una alteración, porque impone decisiones naturalmente a un ritmo no humano, tomando la mayor cantidad de decisiones permanentemente con los tiempos y la velocidad que le imprime a nuestras vidas la inteligencia artificial. Nos cuesta detenernos y, en muchos casos, eso nos lleva a vivir en un estado de alteración permanente. Eso que visualizo lo conocemos todos. ¿Cuántos minutos le puede llevar a una persona extraer dinero en el cajero automático? ¿Acaso ese cajero sabe si tengo dificultad en la vista que me lleva a demorar la operación o si padezco Parkinson? La vertiginosidad nos domina y es lo que nos trae aquel estado de alteración.

-En los sondeos de opinión de las consultoras privadas suele mostrarse que la Justicia no goza de una buena imagen. ¿Cuál cree que pueden ser los motivos?

-La imagen negativa que pueden tener los poderes judiciales no es una cuestión falsa; hay mucha razonabilidad en ese pensamiento acerca de que eso ocurre. Y es pasa porque, en definitiva, no por aquello de que se pierde o se gana tal o cual juicio, ya que, en el fuero íntimo, cada persona sabe porqué un juez condena. En realidad la desconfianza hacia los poderes judiciales se debe a la opinión que cierto sector de la sociedad tiene respecto de un número no tan elevado, reducido, de gente que integra el Poder Judicial que tiene prácticas no tan claras, que confrontan con las buenas. Hablo de casos extremos en el que un funcionario judicial, insisto con un número reducido, puede llegar a exteriorizar prácticas no decorosas, incompatibles con la función que ejerce y que el ciudadano común las mira con preocupación. He sido juez durante 40 años y, en la realidad, uno tiene situaciones de poder y de formación superior que, más que un privilegio es una responsabilidad para la manera de comportarse, mucho más que la de un simple ciudadano. Aquellas conductas incompatibles con la función que mencionaba son las cosas que descalifican a los poderes judiciales. Si se argumenta, por ejemplo, cuestiones que tienen que ver con la ideología, debo decir que pueden ser corrientes y para los hombres es bueno tener ideologías, pero no sujeciones a las políticas partidarias que es, en realidad, lo que le perturba al convencimiento de los ciudadanos que están frente a una justicia independiente e imparcial.  

-Hace algún tiempo, dijo que la ética judicial no se decreta, sino que se construye...

-Eso es así porque, una cosa es que pueda dictar normas o códigos de comportamiento ético, pero en la realidad esos códigos no  son los que van a definir las políticas, sino las personas. Ninguno de los jueces que son corruptos ignora que están haciendo algo contrario a la ley; sin embargo, lo hacen, porque les satisface para sus intereses mediatos o inmediatos. La ética no es que se pueda decretar por una ley o norma; es una práctica diaria y corriente, y aún aquellas personas que tienen consolidada la eticidad en su diario vivir, están sometidos a momentos críticos y, por eso, hay que tener una fortaleza permanente para no dejarse atrapar o enlazar por aquellas cosas que pueden no presentarse claramente como regulares, pero con una mirada cuidadosa les permitiría discernir que no lo son. Esa es la construcción que cada persona o cada juez hace en su desafío de ejercitar una práctica judicial comprometida y esforzada, con el único beneficio que hace lo que debe hacer, como cualquier otra función, actuando con la mayor excelencia posible. Así de simple es vivir de acuerdo a la ética, hacer lo que a cada uno le corresponde realizar, lo mejor posible.